Adolescentes

Lo que el bullying me hizo.

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Hace algún tiempo, como de costumbre, me senté cómodamente en mi sofá con una taza de chocolate. A saborearla. A reflexionar sobre cualquier cosa. Fue mirando hacia la cocina cuando la imágen me llegó de repente. Aquél recuerdo de mi misma con 12 años fregando los platos, llorando desconsoladamente, harta de mi vida, sola, y con el cuchillo en la mano. Empecé a pasarlo por mi muñeca… Nunca me había fijado en mis venas hasta ese día. Entonces sentí las llaves y a alguien que abrió la puerta. Del susto lo tiré al suelo. Era mi mamá que llegaba de trabajar.

 

El dicho que dice: “caras vemos, corazones no conocemos” encierra lo que me pasaba.

Veías mi cara, mis gestos, pero ni por asomo te hubieras hecho una idea de lo que pasaba en mi corazón. En mi interior había un lucha que parecía que iba a acabar conmigo, y de cierta parte de esa lucha quiero hablarte.

 En mi adolescencia descubrí lo mucho que alguien puede odiarte sin motivo alguno. Ese monstruo llamado bullying llegó y yo no sabía ni que quería de mí ni cómo deshacerme de él. Yo no estaba preparada para eso.

 Sentía el odio en las miradas, cuando pasaban por el lado y me empujaban, o cuando tenía que salir al patio y cualquier cosa podía pasar. Más insultos, o alguna patadita, un tirón de pelo, incluso nos tiraban bolas de platina de los bocadillos. Ellos se divertían, se reían, mientras que el odio crecía en mí, no sólo hacia ellos si no hacia mi misma.

El bullying hizo que odiara mi nacionalidad, mi apariencia, mi acento, mi vida. Hizo que con 12 años mi madre tuviera que sacarme a rastras de debajo de la cama por que no podía faltar tanto. Hizo que suplicara a los profesores que me dejaran quedar con ellos en la puerta del patio desde donde vigilaban para que los demás no me vieran.

Desprecié mi vida por el comportamiento de gente igual que yo, que no me conocían, que se creían la crem de la crem, los que influían en el resto, los graciosos y populares que querían la aprobación y el respeto de todos…

Mientras tanto, yo me moría por dentro y buscaba la forma de acabar con todo ese sufrimiento.

Así que sí, puedo hacerme una idea de alguien que esta pasando bullying por que lo viví y padecí; ese monstruo que hace que no quieras hablar por vergüenza, por que te dicen que no es para tanto o por que sencillamente te atemoriza a tal punto que pierdes hasta la voz, ¡tu voz!

Si lo estás pasando, ¡cuenta conmigo! y con personas de confianza que te puedan ayudar.

Y bajo ningún concepto hagamos daño a cambio del daño que hemos recibido. Es el peor error, pues el único que sale victorioso es el sufrimiento, que nos abraza para hacernos infelices y matar todo de nosotros.

Yo tuve la dicha de encontrar otra familia además de mi familia de sangre. En mi iglesia encontré a aquel que me amó, no solo a mí si no a la humanidad, el único capaz de vendarme las heridas que nadie más veía, NO PODRÍA NEGARLO AUNQUE QUISIERA por que cuando creí entonces vi, vi que es tan real como mi voz, la voz que me devolvió, y si algo he aprendido es que no sólo está dentro de las cuatro paredes de un lugar  lleno de “fanáticos locos lavacerebros” al que se le llama iglesia, pero que el estar arropado por esa familia de más, es tener la certeza que tienes a alguien con quien contar.

Pido para que puedas ayudar a quienes lo necesitan. Pido para que seas valiente y hables de ese sufrimiento si lo estás padeciendo y seas libre de todo daño para que no dañes a otros; y por último, ruego para que aquellos que se esconden usando el bullying también puedan ser libres y no terminen convirtiéndose en las personas que no son.

#stopbullying

#cuentaconmigo

#noestássol@

Diana Parra. Líder MCM.

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